Bocetos Mauricio Miranda Bocetos Mauricio Miranda

El desorden ordenado de la mente

Mucha gente me pregunta cómo empiezo una obra. Hoy les comparto un pedazo de mi intimidad en el taller: las páginas de mis cuadernos.

Mis cuadernos son el primer territorio de la obra. Ahí conviven ideas crudas y decisiones técnicas, garabatos que parecen accidentes y anotaciones que terminan siendo reglas. Cada página documenta el tránsito entre la intuición y la materialidad: bocetos rápidos, pruebas de color, estudios de composición, notas sobre escala y anclaje, y fragmentos de texto que recuerdan por qué nació la idea.

Así trabajo:

  • Observación y captura. Camino el lugar en la mente y en fotos, recojo sensaciones, texturas y trazos de luz. En el cuaderno registro referencias visuales, medidas básicas y palabras clave que articulan la intención emocional del mural.

  • Boceto gestual. Dibujo a mano alzada sin exigir perfección. Busco la energía del gesto, la dirección principal del movimiento y la relación entre figuras y vacío. Estos primeros trazos me permiten probar varias posibilidades rápidamente.

Mucha gente me pregunta cómo empiezo una obra. Hoy les comparto un pedazo de mi intimidad en el taller: las páginas de mis cuadernos. En una misma hoja conviven la idea para un mueble con medidas exactas, la crítica hacia la realidad que vivimos, un chiste sobre frijoles cantando y figuras místicas que bajan a mi cabeza. Todo al mismo tiempo. Muchos de estos trazos nunca se convirtieron en cuadros grandes; se quedaron aquí, capturando un día, un año o una frustración específica. Decidí que es hora de que dejen de estar escondidos en la gaveta.

Por eso he abierto estas páginas al mundo: no como borradores vergonzantes, sino como relatos en bruto del proceso. Aquí no hay cortes ni filtros. Hay errores que se vuelven recursos, tachaduras que se transforman en textura y notas marginales que prueban un color o un gesto. Cada hoja es un pequeño archivo de intenciones —un archivo donde conviven la urgencia de una idea y la paciencia de otra—, y juntas explican por qué una pared finalmente pide ser intervenida.

Compartir estos cuadernos es ofrecer el mapa de mis dudas y certezas. Es mostrar que la creación no es un acto solemne e instantáneo, sino una conversación larga entre mano, memoria y entorno. A veces una mirada perdida en una esquina del cuaderno me arrastra a un mural; otras, una ocurrencia absurda se queda como risa privada. Todo eso alimenta la obra final: los detalles técnicos, las citas anotadas, las proporciones y las ocurrencias disparatadas forman la genealogía de cada pieza.

En los próximos días iré subiendo páginas seleccionadas: bocetos, plantas, esquemas de color, notas escritas a las tres de la mañana y dibujos que no pidieron permiso. No busco perfección; busco honestidad. Si alguna página se siente cercana, tómala como invitación a mirar el proceso detrás del mural: la intuición que precede al trazo firme, la duda que exige ensayo y la paciencia que permite que todo cobre escala.

Bienvenidos a la gaveta abierta. Aquí comienza el diálogo.

Leer más
pinturas originales Mauricio Miranda pinturas originales Mauricio Miranda

Tiempo como Pantalón de Payaso

Esta obra surge de una serie de experiencias que trajeron de vuelta una frase que alguien de gran sabiduría me dijo una vez. Lo que más me marcó de esa persona no fue solo su conocimiento, sino su coherencia: vivía con la misma integridad con la que se relacionaba con los demás. La frase nació en un encuentro inesperado: habíamos quedado para ver una casa-obra —él era arquitecto— y llegamos un poco antes de la hora. Nos abrió sorprendido y nos saludó con una felicitación y una sentencia que me quedó grabada: “Qué bueno que están por aquí; hay personas que usan el tiempo de los demás como pantalón de payaso.”

Ese comentario, tan sencillo y a la vez tan certero, se quedó conmigo como un detonante. La metáfora del pantalón de payaso encierra una violencia mínima pero persistente: el desdén por el tiempo ajeno, la ligereza de quien juega con lo que no le pertenece, la falta de respeto que convierte lo valioso en espectáculo. Empecé a pensar en cómo esa actitud atraviesa tanto lo cotidiano como lo institucional: reuniones que se eternizan sin propósito, promesas que se diluyen, proyectos que se posponen mientras alguien entretiene la escena con gestos huecos. El tiempo, en ese contexto, se convierte en un objeto maleable en manos de quienes no reconocen su peso.

En el mural busco recuperar la dignidad del tiempo y de la presencia. No se trata solo de reproche; se trata de reivindicar la responsabilidad que asumimos los unos con los otros. Visualmente, la pieza articula tres momentos: la espera, la interrupción y la restitución. La espera se representa con tonos y ritmos pausados, figuras que ocupan el espacio con paciencia y gravedad. La interrupción se introduce a través de un elemento disonante—una figura caricaturesca, fragmentada, cuya paleta y gestualidad remiten al espectáculo y la burla. La restitución, finalmente, aparece como una recomposición: trazos que ensamblan, manos que reconstruyen y un horizonte que vuelve a latir con sentido.

Materialmente, trabajo con escalas y texturas que obligan al ojo a detenerse: capas de pigmento que rememoran estratos de tiempo, paños y relieves que sugieren ropa —no como traje de carnaval, sino como membrana de respeto— y un juego de luces que cambia según la hora del día, porque el tiempo aquí es protagonista y su percepción no es constante. Quiero que la obra dialogue con quien pasa: que provoque una incomodidad consciente cuando reconocemos en nosotros la figura del que hace pagar al otro con su tiempo; y que ofrezca una posibilidad de reparación, simple y concreta, que invite a la práctica de la puntualidad, la claridad y la empatía.

La frase del arquitecto, entonces, no es solo un remate gracioso; es una brújula ética. En un mundo donde la rapidez y la distracción nos empujan a subestimar al otro, este mural reclama el valor de la palabra cumplida, de la cita honrada, del gesto que dignifica. Es una pieza para recordar que el tiempo no es un accesorio para el divertimento ajeno, sino la tela con la que tejemos nuestras responsabilidades comunes.

Esta obra surge de una serie de experiencias que trajeron de vuelta una frase que alguien de gran sabiduría me dijo una vez. Lo que más me marcó de esa persona no fue solo su conocimiento, sino su coherencia: vivía con la misma integridad con la que se relacionaba con los demás. La frase nació en un encuentro inesperado: habíamos quedado para ver una casa-obra —él era arquitecto— y llegamos un poco antes de la hora. Nos abrió sorprendido y nos saludó con una felicitación y una sentencia que me quedó grabada: “Qué bueno que están por aquí; hay personas que usan el tiempo de los demás como pantalón de payaso.”

Años después, esa imagen volvió con fuerza mientras trabajaba en varios encargos: diseños de mural, cotizaciones que quedaron sin respuesta, clientes que postergaron pagos y compromisos que nunca fueron gestionados. No es solo una frustración profesional; es una experiencia que repite un patrón social lamentable: la normalización de la falta de respeto hacia el tiempo y el esfuerzo ajeno. Lo doloroso no es únicamente la pérdida económica o administrativa, sino la trivialización del trabajo y del compromiso humano.

En el caso específico de bocetos y diseños previos, la situación se complica con la llegada de la inteligencia artificial. Hoy cualquiera opina con facilidad y muchos desestiman la práctica artística: “todos son expertos” y se permite descalificar al creador que, de hecho, usa herramientas digitales para optimizar procesos. Lo que a menudo se olvida es que el mural final lo ejecuta un ser humano: la técnica, la decisión cromática, el pulso, la responsabilidad frente al espacio y la comunidad. La IA puede acelerar, pero no sustituye la mirada ni la mano que transforma una pared en relato.

Esta obra quiere mostrar esa amplitud: habla de personas que nos roban tiempo con actitudes banales, pero también de una reflexión más profunda sobre el valor del trabajo creativo y la necesidad de respeto mutuo. No se trata solo de exigir puntualidad o pago; se trata de reivindicar la seriedad del oficio, la coherencia entre palabra y acción, y la atención a lo que verdaderamente merece nuestro tiempo. En última instancia, es una invitación a recuperar la dignidad del compromiso —con los demás y con nosotros mismos— y a reconocer que el tiempo ajeno no es disfraz ni objeto de burla, sino un recurso humano que merece reconocimiento.

Leer más
Pintura, pinturas originales Mauricio Miranda Pintura, pinturas originales Mauricio Miranda

Babel: El realismo mágico y mis memorias del terremoto de 1976

El arte tiene el poder de transformar el escombro en poesía y la fractura en memoria viva. Hoy quiero compartir con ustedes una de las piezas más íntimas y profundas que he pintado en los últimos años: Babel (2021), un acrílico sobre lienzo de 80x80 cm que marca la segunda entrega de una serie conceptual de tres piezas.

El arte tiene el poder de transformar el escombro en poesía y la fractura en memoria viva. Babel (2021), acrílico sobre lienzo, 80 x 80 cm, constituye la segunda entrega de una serie conceptual de tres piezas donde convergen recuerdo, magia y reconstrucción.

Nacida desde un realismo mágico íntimo, esta obra es una cartografía emocional de mi infancia tras el terremoto de 1976 en Guatemala. El paisaje cambió de golpe; sin embargo, la mirada infantil privilegia grietas y pasadizos por los que continuar jugando. Esa tensión entre destrucción y juego atraviesa cada plano del cuadro.

El campo visual está dominado por el color naranja del talpetate, esa tierra-barro que define el terreno y la memoria física del lugar. Sobre ella se alza una torre inestable, una arquitectura hecha de blocks de concreto y coronada por láminas viejas: estructura ambivalente que para los adultos puede ser refugio o escombro, y para los niños se convierte en laberinto místico. Sus pasillos y umbrales remiten a la arquitectura secreta —a monasterios, a catacumbas— que alimentan la imaginación infantil.

La escena incorpora la cotidiana reconstrucción: un niño que juega, ajeno al caos, mientras el eco de los ladridos marca el tiempo; barcos de papel navegan en charcos, pequeños dispositivos de viaje y promesa que funcionan como metáforas de desplazamiento, espera y despedida. Estos elementos móviles introducen una dinámica de travesía y sugerencia de destinos mínimos —un espejo de agua en el suelo, la promesa de una visita— que sostienen la narración visual.

En el eje compositivo, una manzana encarna la tentación: un dulce pecado que hiere la niñez, conectado por una delgada cuerda a un trompo. El trompo, luego de su espectáculo de giros y colores, yace caído y exhausto a los pies de la torre, símbolo del agotamiento lúdico frente a la realidad transformada.

Babel es, en su esencia, una reflexión nostálgica y coral sobre la memoria histórica colectiva: cómo el suelo removido —el talpetate— no borró la capacidad de la inocencia para encontrar formas de permanecer en pie. La pieza invita a contemplar la resiliencia como un acto escultórico y poético: la infancia que, entre ruinas, rehace sus mapas y crea rituales de juego que sostienen la vida.

Leer más
Muralismo, Pintura Mauricio Miranda Muralismo, Pintura Mauricio Miranda

Proyecto Integrado: Transformación Botánica y Fauna Tropical

Un proyecto residencial integrado donde el muralismo botánico y un lienzo de gran formato se unen para transformar por completo la atmósfera de una habitación principal. Conoce el proceso de diseño y la fuerza del oficio puro.

El verdadero desafío del arte en el espacio habitable no es decorar una pared; es alterar la atmósfera y la energía de quienes habitan ese lugar. Para este proyecto residencial concebí una solución integral que dialoga con la arquitectura y se funde con la naturaleza circundante.

En la pared principal, sobre la cama, desarrollé un mural botánico de trazo fluido: formas que envuelven y propician descanso, matices que aportan frescura y una escala pensada para acoger al cuerpo y la mirada. Cada hoja y curva responde a la geometría del dormitorio, respetando ritmos, alturas y puntos de luz para que el mural funcione como elemento compositivo y atmosférico a la vez.

Complementando y reforzando el concepto visual, produje un lienzo personalizado en gran formato que integra fauna tropical —un tucán y un loro— con una paleta vibrante que establece un diálogo directo con el mural y con el resto del ambiente. La obra en soporte independiente actúa como ancla visual: atrae la mirada, aporta contraste y, al mismo tiempo, armoniza con los verdes y tonos neutros del espacio.

Mi método rehúye fórmulas académicas rígidas; cada trazo nace de la experiencia acumulada en el taller, de décadas de oficio independiente y del sentido práctico del color en la vida real. Trabajo con observación, intuición y disciplina para que la pintura responda a la habitación y a quienes la habitan. El arte libre no pide permiso para imaginar; transforma la realidad y convierte lo cotidiano en un paisaje emocional que acompaña los días.

Leer más
Mi Proceso, Arte Sacro Mauricio Miranda Mi Proceso, Arte Sacro Mauricio Miranda

Detrás del Telón Monumental: “Hijo Mío, Aquí Estoy”

Detrás de la obra monumental “Hijo Mío, Aquí Estoy” para La Merced en Antigua Guatemala, hubo jornadas extenuantes en el suelo del taller, retos de perspectiva y la gran responsabilidad de trabajar en el altar mayor rodeados de reliquias históricas.

Esta es la velación ya terminada en la Iglesia de La Merced, en Antigua Guatemala. Ver el telón colgado e imponente en el altar es una satisfacción enorme, pero el verdadero reto estuvo en el suelo del taller.

Con la valiosa colaboración de mi hermana, nos enfrentamos a una de las tareas más desgastantes: el pegado y armado de todo el lienzo. Es un trabajo que requiere paciencia, cuidado y mucho cálculo para lograr una estructura que resista la manipulación, ya que por cuestiones de espacio se tiene que ir doblando, jalando y acomodando conforme se avanza en cada jornada.

Pintar un formato gigante en el suelo significa que trabajás casi a ciegas, sin poder visualizar el conjunto. Por eso, la cuadrícula hecha con mi herramienta de yeso fue nuestro mejor aliado. Afortunadamente, en el taller contábamos con unas gradas lo suficientemente altas a las que nos subíamos constantemente para revisar el avance y corregir los errores de perspectiva. Cada jornada terminábamos agotados, pero el proceso no termina con la entrega del telón.

Justo después empieza otro tipo de reto enorme: colgar y colocar los primeros planos ya dentro de la iglesia, para dejarle listos los espacios a las personas de la hermandad y que ellos entren con la colocación de todos los adornos y la iluminación. Esta fase lleva una dificultad tremenda, ya que se trabaja directamente en el altar mayor y el cuidado debe ser milimétrico y muy preciso, porque estamos rodeados de auténticas reliquias coloniales e históricas que no se pueden tocar ni dañar por nada del mundo.

Ver la obra finalmente en su lugar, cumpliendo su propósito devocional y respetando el templo, hace que cada gota de sudor y cada minuto de tensión valgan la pena.

Leer más
Proyectos Mauricio Miranda Proyectos Mauricio Miranda

Alquimia: El proceso creativo detrás del muro

Explorando la fusión entre la ciencia del café y el arte mural. Conocé el proceso creativo, desde el primer boceto a lápiz hasta la ejecución final inspirada en los maestros clásicos.

Boceto elaborado por mi cliente

Todo gran proyecto comienza con un diálogo. Aquí pueden ver el boceto inicial que me compartió mi clienta: el punto de partida donde las ideas aún están en el aire. En ese trazado primario se perciben intenciones, emociones y posibles narrativas —un mapa visual que nos permite conversar sobre escala, color, materiales y función dentro del espacio.
A partir de este boceto, desglosamos prioridades: qué elementos deben permanecer, cuáles necesitan desarrollarse y cómo integrar la pieza con la arquitectura y el contexto urbano. Cada línea sugiere movimiento; cada espacio vacío invita a la exploración. Es en ese terreno abierto donde nacen las decisiones que trasformarán el boceto en mural: paleta cromática, texturas, iluminación y ritmo compositivo.
La colaboración con la clienta fue clave: escuchar su historia, sus referencias y el propósito del mural. Ese intercambio alimentó la evolución del diseño, pasando del esbozo a propuestas más definidas hasta llegar a una imagen que dialoga con el entorno y con quienes lo habitan.
Este boceto inicial no es un final: es una promesa. La promesa de convertir una idea suspendida en una obra concreta que comunique, inspire y transforme el lugar.

Interpretación digital: El puente técnico donde la idea del cliente se convierte en una propuesta de autor

El siguiente paso fue la interpretación técnica. En el iPad refinamos la anatomía, delineando líneas precisas y volúmenes que respetan la estructura humana y su gesto; cada músculo y pliegue se trabajó con delicadeza para conservar la naturalidad del movimiento. Paralelamente, sumamos la ciencia detrás del café: la textura de la espuma, la transparencia del líquido, las sutilezas del color según la temperatura y la concentración. Estudiamos cómo la luz atraviesa una taza y cómo los reflejos y sombras revelan la densidad y el brillo del espresso.

Nos inspiramos en la fuerza de los maestros clásicos: composiciones equilibradas, claroscuros intensos y una paleta que privilegia la matización antes que el contraste chocante. Ese enfoque nos permitió lograr imágenes que no solo son exactas en lo anatómico y técnico, sino que también transmiten dramatismo y sensibilidad. En la pantalla, cada trazo se convirtió en una decisión consciente: desde el peso de la línea hasta la gradación cromática que sugiere calor, aroma y movimiento.

El iPad funcionó como laboratorio y lienzo simultáneo: capas para experimentar, pinceles digitales para emular técnicas tradicionales y ajustes finos para corregir proporciones en tiempo real. El resultado fue una interpretación técnica robusta, donde la disciplina científica del café y la maestría figurativa convergen para enriquecer la narrativa visual del mural.

Diseño final a color: La etapa definitiva de composición antes de iniciar la ejecución sobre la pared.

El proceso en movimiento. Una mirada íntima a la ejecución técnica del mural 'Alquimia'. Desde los primeros fondeados hasta los detalles finales, este registro captura la esencia de mi oficio y el diálogo constante con el espacio en Kaldi & Kapra.

Leer más
Proyectos, Bitácora de Proceso Mauricio Miranda Proyectos, Bitácora de Proceso Mauricio Miranda

Pentecostés en San Francisco el Grande: El arte efímero que envuelve la fe

Un reto monumental de 110 m²: el telón de Pentecostés para la Iglesia de San Francisco el Grande

En el corazón de Antigua Guatemala, la Iglesia de San Francisco el Grande nos encomendó un proyecto singular: un telón litúrgico de 110 metros cuadrados que dialogara con la solemnidad del templo, la devoción de la comunidad y la rica tradición estética antigüeña. El encargo exigía más que habilidad técnica: requería una lectura profunda del espacio sagrado, respeto por las prácticas religiosas y una narrativa visual que tradujera la experiencia espiritual del Pentecostés en lenguaje pictórico.

Concepto y lectura del lugar

  • Investigación patrimonial: análisis de fuentes históricas y visuales sobre la iglesia y la tradición local para comprender materiales, paleta y simbología propia de Antigua.

  • Estudio espacial: mediciones y pruebas de visión desde distintos puntos del templo (nave central, presbiterio, bancas) para ajustar escala, foco y perspectiva. Un telón de 110 m² debía leerse desde distancias variables sin perder detalle ni impacto.

  • Diálogo con la comunidad: encuentros con el párroco y representantes de la cofradía para respetar liturgias, colores litúrgicos y elementos iconográficos esperados por la comunidad.

Proceso creativo (meses 1–2)

  • Bocetaje y composición: series de estudios en papel y digitales para la disposición de las figuras, manejo de la perspectiva y jerarquía visual. La intención fue unir la iconografía clásica del Pentecost

El arte tiene el poder de transformar espacios, pero en la Antigua Guatemala, el arte también tiene el poder de detener el tiempo. Tras seis meses de trabajo, el telón de Pentecostés finalmente se desplegó en el coro de la Iglesia de San Francisco el Grande, integrándose en un escenario monumental donde la pintura, la escultura y la tradición convergen.

Este proyecto de 110 metros cuadrados nació de tiras de papel Kraft unidas con esfuerzo junto a mi hijo mayor en un espacio que nos prestaron inicialmente. Fue un proceso de entrega total que culminó en el Coro de la Iglesia, un lugar cargado de una energía espiritual muy especial. Trabajar en esas dimensiones es un desafío constante a la perspectiva y al cuerpo, cuidando cada paso sobre el lienzo mientras la pintura cobra vida.

Pero el resultado final es un diálogo colectivo. Mientras yo trabajaba en la profundidad de los arcos y la luz del Espíritu Santo, la hermandad se encargaba del encortinado y las luces, mientras otros artistas creaban las alfombras y arreglos que completan la velación. Es fascinante ver cómo meses de labor se concentran en un solo día de fe, donde la entrada gratuita permite que toda la comunidad se envuelva en esta atmósfera mística."

Leer más
Crónica Visual Mauricio Miranda Crónica Visual Mauricio Miranda

La Decapitación de un País

Acuarela sobre papel que plasma el dolor y la inacción de una sociedad ante un verdugo que parece gigante solo porque estamos de rodillas. Un testimonio visual de la sangre derramada y el silencio cómplice que asfixia a Guatemala.

Acuarela sobre papel que plasma el dolor y la inacción de una sociedad ante un verdugo que parece gigante solo porque estamos de rodillas. Un testimonio visual de la sangre derramada y el silencio cómplice que asfixia a Guatemala.

A veces el pincel no busca la belleza, sino la verdad cruda que nos rodea. Esta acuarela, realizada a principios de año, es mi crónica visual de un momento doloroso para Guatemala.

No es un jaguar; es una bestia que representa la decapitación de un país entero.

Es la imagen de un pueblo que solo llora y se lamenta, sin mover un dedo por justicia. Es ver cómo la sangre se ha derramado tanto que a nadie parece importarle. Es el acto de taparse los ojos cuando el verdugo levanta el hacha para acabar con todos.

Pero hay una verdad oculta en esta escena: ese verdugo, que viendo a todos arrodillados parece gigante, si nos paramos juntos es un ser minúsculo lleno de miedo. Esta obra es mi registro de esa tensión, de ese dolor y de la necesidad de despertar.

Despertar la memoria, la solidaridad y la acción. Despertar la voz colectiva que deje de llorar en silencio y comience a exigir cuentas. Despertar la certeza de que la impunidad solo se sostiene mientras cada uno acepta ser cómplice con su indiferencia. Despertar la valentía para mirar al verdugo a los ojos y negarle el miedo que lo alimenta.

En la acuarela utilicé lavados difusos para la multitud: manchas que se funden unas con otras, rostros sin rasgos definidos, para sugerir la anonimidad del sufrimiento y la parálisis social. El contraste lo da la criatura, trazada con pinceladas ásperas y pigmentos más densos, una presencia grotesca que ocupa el centro de la composición. La sangre se convierte en línea y en mancha, recorridos que guían la mirada y que, a la vez, exigen respuesta.

Quise también jugar con la escala y la perspectiva: la figura del verdugo domina la escena por la postura de quienes le rodean, no por su tamaño intrínseco. Es una invitación visual a reconsiderar nuestras proporciones morales: si nos ponemos hombro con hombro, lo que parece invencible se revela frágil.

No es una obra que busque consuelo. Es una llamada a mirar, a nombrar y a actuar. A transformar el duelo pasivo en fuerza colectiva. A convertir la pintura en herramienta de memoria y de resistencia, para que la historia no se repita por omisión.

Leer más
Bitácora de Proceso Mauricio Miranda Bitácora de Proceso Mauricio Miranda

El umbral y el pincel: Lo que el cáncer me enseñó sobre la libertad de crear

Recordar el 2022 es volver a un tiempo donde el control dejó de pertenecerme. Entre quimioterapias y el sistema de salud en Guatemala, descubrí que el arte no es un trabajo, sino la forma de digerir lo que las palabras son incapaces de hablar."

Recordar el 2022 es volver a un tiempo despojado de la arrogancia que solemos tener cuando creemos que el control nos pertenece. Ese año aprendí que la vida puede cambiar en un instante; me enteré de que podía morir de algo que jamás cruzó mi mente: cáncer.

Al principio, mi ignorancia sobre la enfermedad era total. No sabía qué era una quimioterapia, ni el peso que esa palabra cobraría en mi cuerpo. Pero en Guatemala, el diagnóstico es solo la mitad del problema. La otra mitad es la realidad económica: aterrizar en el hecho de que un tratamiento puede ser inalcanzable.

El laberinto del proceso

Mi paso por el INCAN (Instituto de Cancerología) fue un choque cultural y emocional. Sentí que entraba en una máquina del tiempo detenida en los años 70, donde el maltrato del tiempo se reflejaba en cada pasillo. En ese momento, uno no tiene la capacidad psicológica para lidiar con trámites y entrevistas burocráticas mientras el miedo te respira en el cuello.

Sin embargo, la solidaridad apareció. Gracias a un desayuno organizado por mi familia, recaudamos Q.38,000. Aunque parece mucho, en el mundo de la oncología —con hospitalizaciones de emergencia y medicamentos imprevistos— es apenas un respiro. Gracias a un consejo providencial, terminé mi tratamiento en un pequeño hospital en Jocotenango, cerca de Antigua Guatemala, bajo el cuidado de un oncólogo que me devolvió la sensación de que, pese al riesgo, todo estaba bajo control.

Pintar desde el umbral

Empecé el tratamiento tras una descompensación de sodio que me hizo alucinar; imágenes surrealistas que, irónicamente, se convirtieron en material para mi obra. Allí comprendí que el verdadero desafío no siempre es el cáncer, sino el tratamiento: ese proceso que te acerca, una y otra vez, a una puerta que sabes que debe permanecer cerrada.

En el segundo ciclo, nació una necesidad pequeña pero urgente: compré una libreta y acuarelas portátiles.

Decidí que dibujaría solo lo que viniera a mi mente durante y después de las sesiones. Ese cuaderno se volvió mi compañero. Recuerdo el dolor en la mano derecha por el catéter mientras intentaba trazar, pero también recuerdo cómo el dibujo me sacaba de ese estado de dolor.

El arte como digestión

Hoy miro esos dibujos y veo una fluidez que antes no conocía. Eran trazos sin apegos. Entendí que el arte es eso que ocurre cuando dejas de competir o de intentar demostrar algo, para simplemente digerir lo que las palabras son incapaces de hablar.

El cáncer me confirmó que mi oficio no es solo un trabajo; es esa motivación extraña de intentar decir algo de forma diferente. No creamos para que nos acepten o nos entiendan, sino para sentirnos conectados y conscientes de ese presente donde el cuerpo y el alma finalmente se encuentran.

Leer más
Mauricio Miranda Mauricio Miranda

El Arte como Sanación en la Tierra del Olvido

El arte no es un objeto de decoración para oficinas o galerías vacías; es un decreto personal para sanar el dolor de ser humano. En esta reflexión, exploro el derecho a tener voz propia en una Guatemala de contrastes, donde la sátira y la verdad son nuestra única resistencia frente a lo ridículo.

Nunca he militado en un partido político, y no siento que me haga falta para tener una voz. Creo que el derecho a interpretar el mundo nos pertenece a todos desde que nacemos. Hoy comparto esta obra porque respeto su crudeza; en ella se mezclan la sátira y una certeza que me sostiene: “El arte sí sirve para algo”.

A veces el mundo se llena de argumentos vagos que intentan ponerle precio o etiquetas técnicas a lo que otros crean. Sin embargo, en mi proceso personal, he aprendido a ser mi propio observador. No entiendo el arte como un objeto para decorar oficinas o paredes frías de galerías; para mí, el acto de crear ocurre en el silencio y tiene un propósito claro: sanar el dolor de ser humano.

Escribo esto con el amor y el dolor que me provoca vivir en un lugar tan hermoso como Guatemala. Me duele ver cómo la belleza y la bondad de nuestra naturaleza conviven con instituciones que parecen diseñadas para proteger intereses ajenos al bien común. En esos espacios se aglomeran formas de pensar que se sienten poderosas, pero que son ajenas a la realidad que tú y yo vivimos. Ellos parecen estorbar el camino, pero al final, lo único que prevalece es lo que construimos con honestidad.

Leer más
Mi Proceso Mauricio Miranda Mi Proceso Mauricio Miranda

"El arte no es la meta, es el camino".

El camino del Arte no es una meta, es solo un camino que vale la pena caminar...

Decidí crear este espacio porque me di cuenta de que necesitaba compartir lo que me motiva... Mi esperanza es que estas palabras inspiren a otros a buscar su propio 'elemento'. Honestamente, creo que nunca dejamos de buscar; el arte no es una meta, es un camino que definitivamente vale la pena recorrer

Leer más