Mi Proceso, Arte Sacro Mauricio Miranda Mi Proceso, Arte Sacro Mauricio Miranda

Detrás del Telón Monumental: “Hijo Mío, Aquí Estoy”

Detrás de la obra monumental “Hijo Mío, Aquí Estoy” para La Merced en Antigua Guatemala, hubo jornadas extenuantes en el suelo del taller, retos de perspectiva y la gran responsabilidad de trabajar en el altar mayor rodeados de reliquias históricas.

Esta es la velación ya terminada en la Iglesia de La Merced, en Antigua Guatemala. Ver el telón colgado e imponente en el altar es una satisfacción enorme, pero el verdadero reto estuvo en el suelo del taller.

Con la valiosa colaboración de mi hermana, nos enfrentamos a una de las tareas más desgastantes: el pegado y armado de todo el lienzo. Es un trabajo que requiere paciencia, cuidado y mucho cálculo para lograr una estructura que resista la manipulación, ya que por cuestiones de espacio se tiene que ir doblando, jalando y acomodando conforme se avanza en cada jornada.

Pintar un formato gigante en el suelo significa que trabajás casi a ciegas, sin poder visualizar el conjunto. Por eso, la cuadrícula hecha con mi herramienta de yeso fue nuestro mejor aliado. Afortunadamente, en el taller contábamos con unas gradas lo suficientemente altas a las que nos subíamos constantemente para revisar el avance y corregir los errores de perspectiva. Cada jornada terminábamos agotados, pero el proceso no termina con la entrega del telón.

Justo después empieza otro tipo de reto enorme: colgar y colocar los primeros planos ya dentro de la iglesia, para dejarle listos los espacios a las personas de la hermandad y que ellos entren con la colocación de todos los adornos y la iluminación. Esta fase lleva una dificultad tremenda, ya que se trabaja directamente en el altar mayor y el cuidado debe ser milimétrico y muy preciso, porque estamos rodeados de auténticas reliquias coloniales e históricas que no se pueden tocar ni dañar por nada del mundo.

Ver la obra finalmente en su lugar, cumpliendo su propósito devocional y respetando el templo, hace que cada gota de sudor y cada minuto de tensión valgan la pena.

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