Detrás del Telón Monumental: “Hijo Mío, Aquí Estoy”

Esta es la velación ya terminada en la Iglesia de La Merced, en Antigua Guatemala. Ver el telón colgado e imponente en el altar es una satisfacción enorme, pero el verdadero reto estuvo en el suelo del taller.

Con la valiosa colaboración de mi hermana, nos enfrentamos a una de las tareas más desgastantes: el pegado y armado de todo el lienzo. Es un trabajo que requiere paciencia, cuidado y mucho cálculo para lograr una estructura que resista la manipulación, ya que por cuestiones de espacio se tiene que ir doblando, jalando y acomodando conforme se avanza en cada jornada.

Pintar un formato gigante en el suelo significa que trabajás casi a ciegas, sin poder visualizar el conjunto. Por eso, la cuadrícula hecha con mi herramienta de yeso fue nuestro mejor aliado. Afortunadamente, en el taller contábamos con unas gradas lo suficientemente altas a las que nos subíamos constantemente para revisar el avance y corregir los errores de perspectiva. Cada jornada terminábamos agotados, pero el proceso no termina con la entrega del telón.

Justo después empieza otro tipo de reto enorme: colgar y colocar los primeros planos ya dentro de la iglesia, para dejarle listos los espacios a las personas de la hermandad y que ellos entren con la colocación de todos los adornos y la iluminación. Esta fase lleva una dificultad tremenda, ya que se trabaja directamente en el altar mayor y el cuidado debe ser milimétrico y muy preciso, porque estamos rodeados de auténticas reliquias coloniales e históricas que no se pueden tocar ni dañar por nada del mundo.

Ver la obra finalmente en su lugar, cumpliendo su propósito devocional y respetando el templo, hace que cada gota de sudor y cada minuto de tensión valgan la pena.

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