Turbanidad (2006): La memoria análoga, el desecho y el grito
Turbanidad (2.00 x 1.20 m) nació sobre un pedazo de aglomerado de desecho. El escaneo de una foto análoga tomada en 2006 de una obra que marcó el rumbo de mi trabajo: el rechazo al arte dulce para dar paso al grito de nuestra realidad.
Turbanidad (2006)
Esta foto no salió de un teléfono. Es el escaneo de una fotografía análoga, tomada en un tiempo donde ni los celulares ni las cámaras digitales estaban a mi alcance.
Turbanidad (2.00 x 1.20 m) nació sobre un pedazo de aglomerado recuperado de una división de casa que tiraron a la basura. Le armé su propio marco en el taller y sobre ese soporte de desecho volqué la realidad del momento. Se cumplían 10 años de la firma de los Acuerdos de Paz en Guatemala, pero en las calles la violencia se cruzaba como una red oscura de muertes, igual a la que vivimos hoy. La obra era una sátira irónica y dolida de cómo nuestras calles y avenidas se convertían en el escenario de ese acontecer trágico.
Perteneció a una exposición que monté en El Sitio Cultural, una muestra que marcó definitivamente el rumbo de mi trabajo. Ahí entendí que a mí no me servía un arte dulce, ni la perspectiva romántica e idílica que maquilla la realidad. La belleza se empaña precisamente por aquello que nos queremos tapar los ojos para no ver.
Esta obra me dejó una cicatriz que no va a cerrar nunca, el testimonio de un dolor causado por una realidad angustiosa que escapa a toda interpretación. Buscar culpables y verdugos ya hasta cansa, porque el daño ha sido profundo. Y sin embargo, la paradoja del arte: la pieza no duró ni una semana expuesta cuando ya se había vendido.
Los años pasan, los soportes cambian, pero la intención y la verdad del trazo en el taller siguen siendo las mismas.
El Niño 2027 y el coro de la realidad: sobre el miedo humano y el canto presente de las aves
Un agradecimiento por la lluvia que se transformó en una reflexión sobre el miedo a 'El Niño 2027', el ruido de los medios y la lección presente del canto de las aves. Proceso y Bitácora de la obra (Técnica mixta sobre cartón).
Propuesta de montaje: Visualización (mockup) de la obra con idea de marco industrial en madera recuperada y acero
Nació en agosto de 2026, con la primera lluvia cayendo sobre la lámina de zinc de mi taller. Empezó siendo un gesto sencillo: un agradecimiento puro por el agua.
Sin embargo, mientras el cielo se abría y el sonido de las gotas marcaba el ritmo en el techo, mi mente se cerraba en el miedo. Estaba absorto en la adicción a las noticias catastróficas, en los pronósticos de desastres y en esa culpa constante de saberme parte de una especie destructora. Mi angustia intelectual pretendía adueñarse del futuro con malos cálculos y temores sobre un "Súper Niño" devastador.
Este es el primer bosquejo de la obra sobre el formato de cartón
Pero en medio de mi tragedia egocentrista, el fondo del taller se llenó de vida. A través de la lluvia se dejaba escuchar el canto de diversas aves de la zona. No cantaban por compromiso ni por rutina; daban verdaderos gritos de alegría por la lluvia que caía.
Movido por la curiosidad, usé la aplicación Merlin Bird en el teléfono para identificar quiénes eran mis vecinos de patio. Logré registrar cinco especies cantando al mismo tiempo: el Carpintero, el Cut cut, el Colibrí, la Chorcha y el Pijuy.
Ese momento fue una lección de humildad brutal. Las aves se convirtieron en mis maestras. Mientras yo cacareaba mi angustia antropocéntrica y leía boletines de prensa, ellas simplemente celebraban el presente. Hoy mi ciencia catastrófica había fallado; no había desastres, solo vida sucediendo. Las aves parecían reírse de mi falsa angustia y me cantaban para decirme: "Regresa al presente, que tu catástrofe es solo tu imaginación"
Rompiendo con el proceso, interviniéndolo
De esa paradoja nació la obra. Intervine el soporte de cartón pegando el titular de prensa sobre la naturaleza dibujada, atrapando al personaje central en un halo de textura, dorados y pigmentos. 'El Niño' es el espejo de esa incoherencia humana: el ego que se apropia del desastre y se cree protagonista, frente a la nobleza de la naturaleza que nos observa sin mentiras.
Título: El Niño
Año: 2026
Técnica: Técnica mixta sobre cartón (acrílico, tinta, tiza/pastel y collage de prensa)
Soporte: Cartón reciclado
Estado: Disponible / Serie Bitácora de Talle: Obra terminada sin marco
El Caballo de Troya
El Caballo de Troya me deja ver lo inocente que parece y lo colorido que esconde su lado oscuro. Cuando se recibe como un obsequio o una dádiva, una estrella se oculta en el horizonte.
Una pieza del año pasado que hoy vuelve a resonar en mi taller..
El Caballo de Troya
31 cm × 31 cm | 2025
Explicar las obras me parece siempre innecesario, por lo menos de parte de quien las realiza. Lo que intento aquí no es explicarla, sino escribir inspirado por ella.
El Caballo de Troya me deja ver lo inocente que parece y lo colorido que esconde su lado oscuro. Cuando se recibe como un obsequio o una dádiva, una estrella se oculta en el horizonte.
Vemos el circo al que pertenece este caballito que no descansa: un delincuente con traje de justiciero que llega con ideas y justicia dudosas, barriendo poblados donde los incautos aclaman mientras entregan su tierra. Hay raíces que se esconden tras el paso de este caballo de Troya, el cual intenta ocultar sus manchas de sangre de otros pueblos.
Sigue el camino de la ruina destruyendo el Sur, amando su propia avaricia, ciego y mentiroso. La evidencia es tan clara que no se necesita lupa para encontrar las intenciones manifiestas de este caballito, guiado por esa estrella que falsamente cree que es su norte.
Desalojo
La cara que la postal oculta.
Mientras el discurso oficial y el turismo venden postales idílicas de paisajes, montañas y folclor, la realidad en la tierra es otra: desalojos violentos, despojo y la fuerza pública actuando con desprecio e inhumanidad contra los más vulnerables.
Esta acuarela la pinté en el 2024, confrontando esa violencia institucional que no es nueva, pero que sigue doliendo exactamente igual hoy. Me rehúso a pintar el circo complaciente que maquilla la injusticia para que el observador esté cómodo.
El arte también tiene que doler, tiene que denunciar y tiene que recordar que detrás del paisaje hay un pueblo resistiendo.
Ayer, 30 de julio de 2026, un nuevo desalojo violento contra una mujer de más de 70 años se viralizó en las redes de Guatemala. No es un hecho aislado: ¿cuántas aldeas y pueblos no han sido víctimas de esta degradante e inhumana práctica? La noticia aparece, indigna por un momento a algunos, y luego todo vuelve a su rutina de indiferencia. Y cuando digo “todo”, me refiero a ese engranaje que vende una imagen turística pulcra —color, paisajismo y un espejismo de realidades— mientras las verdades que gritan desde las comunidades se mantienen fuera de foco. Los turistas prefieren no enfocar con sus cámaras lo que desordena el relato cómodo.
La realidad existe y no es subjetiva. Lo que circula y se consume fácil es el arte barato y complaciente: trajes típicos, paisajes idealizados, postales que esconden depredación y voracidad. Ese arte se cuelga en paredes porque no incomoda. En un contexto donde muchos venden su dignidad por aceptación, por ventas, por aplausos, podemos estar seguros de que los desalojos seguirán.
Esta acuarela la realicé en 2024 tras las masivas expulsiones realizadas por la PNC, cuando numerosas comunidades fueron violentadas y los crímenes y las corruptelas siguieron pululando ante las autoridades. La obra no pretende ser escaparate; es denuncia y memoria. Recordar estas violencias es un acto necesario para que la ciudad, el Estado y quienes lucran con una imagen embellecida no oculten más la destrucción real que ocurre aquí.
No podemos seguir naturalizando las expulsiones y la indiferencia. El arte auténtico debe romper la complacencia: mostrar, nombrar, confrontar. Si seguimos eligiendo la postal en lugar de la verdad, las paredes seguirán cubriendo las heridas y las expulsiones continuarán sin consecuencia.