Edén es una de las tres obras que conforman la Serie: El Reino de Eva. Nació de una reflexión simple y punzante: en Guatemala muchas construcciones dejan los hierros a la vista, como si estuvieran esperando continuar creciendo; una esperanza suspendida que, con el tiempo, termina por oxidarse. Ese gesto —la promesa incompleta— se convirtió en eje y metáfora de la pieza.
Elegí el título Edén para contraponer la idea de paraíso con la realidad cotidiana: aquí el “nido” ya no basta para el escuelero —esa ave pequeña e incauta que olvida que las serpientes también trepan. Ese contraste entre fragilidad y amenaza atraviesa la obra. Edén funciona como espejo de los cachivaches acumulados: objetos y deseos amontonados hasta que dejan de caber, hasta que la promesa de crecimiento se pudre en hierro oxidado y nostalgia.
Visualmente, la pieza trabaja texturas de corrosión y capas superpuestas: estructuras que remiten a andamios y hierros expuestos, fragmentos de domesticidad convertidos en ruina simbólica, y la presencia mínima de la ave como gesto testimonial, vulnerable pero persistente. El color y la materia buscan ese equilibrio entre lo poético y lo crudo —la belleza de lo deteriorado— para invitar a una lectura íntima y crítica sobre lo que construimos y lo que abandonamos.
Edén no es solo una imagen de abandono: es una reflexión sobre promesas que esperan, sobre la precariedad de los refugios y sobre la memoria de lo inacabado. Un reino diminuto que revela cómo lo acumulado puede devorar el propio lugar de resguardo, y cómo la esperanza, olvidada, se transforma en óxido.
Medidas: 80cm X 80cm X 4cm
Técnica: Mixta sobre Lienzo
Año: 2021
Edén es una de las tres obras que conforman la Serie: El Reino de Eva. Nació de una reflexión simple y punzante: en Guatemala muchas construcciones dejan los hierros a la vista, como si estuvieran esperando continuar creciendo; una esperanza suspendida que, con el tiempo, termina por oxidarse. Ese gesto —la promesa incompleta— se convirtió en eje y metáfora de la pieza.
Elegí el título Edén para contraponer la idea de paraíso con la realidad cotidiana: aquí el “nido” ya no basta para el escuelero —esa ave pequeña e incauta que olvida que las serpientes también trepan. Ese contraste entre fragilidad y amenaza atraviesa la obra. Edén funciona como espejo de los cachivaches acumulados: objetos y deseos amontonados hasta que dejan de caber, hasta que la promesa de crecimiento se pudre en hierro oxidado y nostalgia.
Visualmente, la pieza trabaja texturas de corrosión y capas superpuestas: estructuras que remiten a andamios y hierros expuestos, fragmentos de domesticidad convertidos en ruina simbólica, y la presencia mínima de la ave como gesto testimonial, vulnerable pero persistente. El color y la materia buscan ese equilibrio entre lo poético y lo crudo —la belleza de lo deteriorado— para invitar a una lectura íntima y crítica sobre lo que construimos y lo que abandonamos.
Edén no es solo una imagen de abandono: es una reflexión sobre promesas que esperan, sobre la precariedad de los refugios y sobre la memoria de lo inacabado. Un reino diminuto que revela cómo lo acumulado puede devorar el propio lugar de resguardo, y cómo la esperanza, olvidada, se transforma en óxido.
Medidas: 80cm X 80cm X 4cm
Técnica: Mixta sobre Lienzo
Año: 2021