Técnica: Acrilico sobre lienzo
Dimensiones: 80cm X 80cm
Interpretación desde el realismo mágico de las memorias e impresiones que marcaron mi niñez tras el terremoto de 1976 en Guatemala. La obra retrata la resiliencia y la inocencia lúdica en medio de la fractura social y material.
En un paisaje gobernado por una tierra naranja color barro —nuestro característico talpetate— se erige una torre construida con blocks de concreto y coronada por láminas viejas. Sus pasillos y umbrales evocan la arquitectura secreta, los monasterios y las catacumbas de Antigua Guatemala, transformando el refugio y el escombro en un laberinto místico.
A través de un simbolismo profundo, la pieza narra la cotidianidad de la época: un niño que juega entre el eco de los ladridos, barcos de papel que navegan en charcos sugiriendo movimiento, viaje y la eterna promesa de una visita. En el eje central, una manzana representa la tentación y el dulce pecado que lastima a la niñez, conectada por una cuerda hacia un trompo que, tras dar su espectáculo de giros, cae exhausto a los pies de la estructura. Una mirada nostálgica y reflexiva a la memoria histórica colectiva.
Disponible (Obra 2 de una serie conceptual de 3).
Técnica: Acrilico sobre lienzo
Dimensiones: 80cm X 80cm
Interpretación desde el realismo mágico de las memorias e impresiones que marcaron mi niñez tras el terremoto de 1976 en Guatemala. La obra retrata la resiliencia y la inocencia lúdica en medio de la fractura social y material.
En un paisaje gobernado por una tierra naranja color barro —nuestro característico talpetate— se erige una torre construida con blocks de concreto y coronada por láminas viejas. Sus pasillos y umbrales evocan la arquitectura secreta, los monasterios y las catacumbas de Antigua Guatemala, transformando el refugio y el escombro en un laberinto místico.
A través de un simbolismo profundo, la pieza narra la cotidianidad de la época: un niño que juega entre el eco de los ladridos, barcos de papel que navegan en charcos sugiriendo movimiento, viaje y la eterna promesa de una visita. En el eje central, una manzana representa la tentación y el dulce pecado que lastima a la niñez, conectada por una cuerda hacia un trompo que, tras dar su espectáculo de giros, cae exhausto a los pies de la estructura. Una mirada nostálgica y reflexiva a la memoria histórica colectiva.
Disponible (Obra 2 de una serie conceptual de 3).