Camino torcido
Camino torcido, ¿por qué debería caminar recto?
Camino despacio, ¿por qué debería caminar rápido?
Este mundo te obliga a avanzar sin detenerte; le gusta tenernos corriendo, agitados, sumergidos sin descanso y sin paz.
¿Por qué debería caminar recto? Y si camino recto, ¿por qué debería torcer mi rumbo?
No necesito rutas ni GPS. Tampoco copiar las huellas de otros si puedo abrir mi propio paso.
¿Acaso no a eso venimos? ¿Acaso no nacemos para crear camino?
¿Acaso no nacemos para descubrir nuestro trayecto? ¿Por qué presionarnos a seguir rutas ya hechas o a buscar el mapa de alguien más?
Ante el abuso constante de las indicaciones y las señales, ¿no sería mejor seguir avanzando? ¿No sería mejor, aun torcido, seguir caminando antes que buscar esos viejos senderos corruptos, cansados y manchados?
Tu camino y el mío no son el mismo. Entonces, ¿en qué quedamos?
En que no hay rutas ni destinos. Solo hay que caminar, seguir y persistir.
¿Por qué? Porque es la única vía.
Y entonces, ¿no hay camino? Claro que no. Solo hay un insistir. En ese insistir es donde encontramos la marca de nuestro propio paso: un trayecto que vamos haciendo y también borrando. No heredamos caminos; heredamos huellas.
Y no son señales, son huellas nada más que identifican a quien las dejó. Un recordatorio para cada uno de que tiene que encontrar su propia marca.
Técnica mixta sobre lienzo con bastidor.
Medidas: 50cm X 39.5
Año: 2026
Disponible. Consultas o adquisición por mensaje directo o correo.