Bocetos Mauricio Miranda Bocetos Mauricio Miranda

El desorden ordenado de la mente

Mucha gente me pregunta cómo empiezo una obra. Hoy les comparto un pedazo de mi intimidad en el taller: las páginas de mis cuadernos.

Mis cuadernos son el primer territorio de la obra. Ahí conviven ideas crudas y decisiones técnicas, garabatos que parecen accidentes y anotaciones que terminan siendo reglas. Cada página documenta el tránsito entre la intuición y la materialidad: bocetos rápidos, pruebas de color, estudios de composición, notas sobre escala y anclaje, y fragmentos de texto que recuerdan por qué nació la idea.

Así trabajo:

  • Observación y captura. Camino el lugar en la mente y en fotos, recojo sensaciones, texturas y trazos de luz. En el cuaderno registro referencias visuales, medidas básicas y palabras clave que articulan la intención emocional del mural.

  • Boceto gestual. Dibujo a mano alzada sin exigir perfección. Busco la energía del gesto, la dirección principal del movimiento y la relación entre figuras y vacío. Estos primeros trazos me permiten probar varias posibilidades rápidamente.

Mucha gente me pregunta cómo empiezo una obra. Hoy les comparto un pedazo de mi intimidad en el taller: las páginas de mis cuadernos. En una misma hoja conviven la idea para un mueble con medidas exactas, la crítica hacia la realidad que vivimos, un chiste sobre frijoles cantando y figuras místicas que bajan a mi cabeza. Todo al mismo tiempo. Muchos de estos trazos nunca se convirtieron en cuadros grandes; se quedaron aquí, capturando un día, un año o una frustración específica. Decidí que es hora de que dejen de estar escondidos en la gaveta.

Por eso he abierto estas páginas al mundo: no como borradores vergonzantes, sino como relatos en bruto del proceso. Aquí no hay cortes ni filtros. Hay errores que se vuelven recursos, tachaduras que se transforman en textura y notas marginales que prueban un color o un gesto. Cada hoja es un pequeño archivo de intenciones —un archivo donde conviven la urgencia de una idea y la paciencia de otra—, y juntas explican por qué una pared finalmente pide ser intervenida.

Compartir estos cuadernos es ofrecer el mapa de mis dudas y certezas. Es mostrar que la creación no es un acto solemne e instantáneo, sino una conversación larga entre mano, memoria y entorno. A veces una mirada perdida en una esquina del cuaderno me arrastra a un mural; otras, una ocurrencia absurda se queda como risa privada. Todo eso alimenta la obra final: los detalles técnicos, las citas anotadas, las proporciones y las ocurrencias disparatadas forman la genealogía de cada pieza.

En los próximos días iré subiendo páginas seleccionadas: bocetos, plantas, esquemas de color, notas escritas a las tres de la mañana y dibujos que no pidieron permiso. No busco perfección; busco honestidad. Si alguna página se siente cercana, tómala como invitación a mirar el proceso detrás del mural: la intuición que precede al trazo firme, la duda que exige ensayo y la paciencia que permite que todo cobre escala.

Bienvenidos a la gaveta abierta. Aquí comienza el diálogo.

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