Mi obra pictórica es un recorrido cronológico y emocional que explora las complejidades de nuestro entorno. Desde piezas fundamentales como “La mortaja de la Paz” (2005), donde el acrílico sobre madera se convirtió en un grito de denuncia ante la realidad social de Guatemala y la ironía de una paz ausente, hasta mis exploraciones más recientes, mi pincel siempre ha buscado capturar lo que el ojo ignora.

Lo que comenzó como una necesidad de documentar la cruda belleza de lo cotidiano y la injusticia, ha evolucionado hacia una búsqueda técnica más depurada, pero manteniendo siempre la misma esencia: pintar no solo lo que veo, sino lo que nos hace humanos. En esta galería encontrarás una transición de texturas, contrastes y relatos que van desde lo político hasta lo introspectivo..

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