El Arte como Sanación en la Tierra del Olvido
Nunca he militado en un partido político, y no siento que me haga falta para tener una voz. Creo que el derecho a interpretar el mundo nos pertenece a todos desde que nacemos. Hoy comparto esta obra porque respeto su crudeza; en ella se mezclan la sátira y una certeza que me sostiene: “El arte sí sirve para algo”.
A veces el mundo se llena de argumentos vagos que intentan ponerle precio o etiquetas técnicas a lo que otros crean. Sin embargo, en mi proceso personal, he aprendido a ser mi propio observador. No entiendo el arte como un objeto para decorar oficinas o paredes frías de galerías; para mí, el acto de crear ocurre en el silencio y tiene un propósito claro: sanar el dolor de ser humano.
Escribo esto con el amor y el dolor que me provoca vivir en un lugar tan hermoso como Guatemala. Me duele ver cómo la belleza y la bondad de nuestra naturaleza conviven con instituciones que parecen diseñadas para proteger intereses ajenos al bien común. En esos espacios se aglomeran formas de pensar que se sienten poderosas, pero que son ajenas a la realidad que tú y yo vivimos. Ellos parecen estorbar el camino, pero al final, lo único que prevalece es lo que construimos con honestidad.